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10 abril, 2019

Texto íntegro del Pregón de Semana Santa 2019 pronunciado por D. Francisco Alamillos Granados el pasado 6 de abril

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D. Francisco Alamillos Granados el pasado 6 de abril durante el Pregón de Semana Santa 2019 FOTO/José Caballero Navas

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

A ti, santísima Virgen de Guía, Madre de Dios y madre nuestra.

Querido párroco Don José Ángel Arévalo Herencia, querido Don Francisco, querida comunidad salesiana, autoridades, presidentes de cofradías, hermanos cofrades, músicos de las bandas de gloria, pueblo de Villanueva del Duque. Hace algo menos de un año, Francisco Gómez, que con tanto mimo y dedicación dirige nuestra hermandad del santísimo cristo de la salvación, me hizo el gran honor de pedirme que leyera el pregón de la semana santa de mi pueblo. Nunca antes había sido pregonero y con un poco de aprensión y miedo, y un mucho de ilusión, me dispuse a prepararme. La primera dificultad con que me encontré fue decidir la duración del pregón. Habría de ser breve. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y lo malo, mejor que sea breve. La segunda dificultad, decidir qué tipo de pregón elaboraría. Hay pregones en los que el pregonero nos relata sus recuerdos de infancia y juventud. Otros hacen una hagiografía de las imágenes, los desfiles procesionales y las cofradías. Otros se explayan en la descripción de los lugares donde acontecen los hechos. Yo he decidido dar al pregón la forma de recordatorio, para volveros a contar lo que ya sabéis, y para animaros a participar en los acontecimientos que vamos a revivir la semana próxima. Vamos a revivir la pasión, muerte y resurrección de nuestro salvador, aquél que día a día llama a nuestras puertas para que lo acojamos en nuestro corazón, y al que tantas veces hacemos de lado, como decía nuestro genial Lope de Vega:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras? ¡Oh cuanto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el Ángel me decía: Alma, asómate ahora a la ventana; verás con cuánto amor llamar porfía! ¡Y cuántas, Hermosura Soberana, Mañana le abriremos, respondía, Para lo mismo responder mañana!

Vamos, pues, a pregonar el acontecimiento más importante de la historia de la Humanidad. La salvación del Hombre. La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios; y el Verbo estaba junto a Dios. Decimos en el principio, aunque no existía nada, ni siquiera el tiempo; sólo Dios.

Y el Verbo, Dios, Hijo único de Dios, creó la luz, el mundo y el firmamento, la tierra y las aguas. Cómo de la nada se pudo crear, es algo que no podemos entender; pero Dios Todopoderoso es Creador, y lo hizo. La Física intenta explicar hoy la Creación con la teoría del Big Bang, la gran explosión. Antes de esa gran explosión no existía el Universo, no existía nada. Ni siquiera había el “antes” porque no existía el tiempo, pues el Verbo lo creó todo.

Y Dios creó las plantas, y los animales. Esas plantas y animales que ya estaban en el Plan de la Creación de Dios, y que a través de la Evolución de las Especies se han ido formando para ser lo que son hoy, y que Dios vio que eran buenos.

Y Dios dijo: hagamos al hombre, a mi imagen y semejanza, y creó al Hombre, y lo creó como pareja. Hombre y mujer los creó. No nos plantó en el mundo tal y como somos ahora. Somos fruto de esa evolución de la Naturaleza, también criatura de Dios, ordenada por Él en un maravilloso plan.

Y un día comimos del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, porque la serpiente nos tentó y quisimos ser como Dios; empezamos a ser hombres, con una voluntad libre; fuimos expulsados del Paraíso Terrenal y apareció el pecado. El pecado, no ya particular como fueran la desobediencia de Adán y Eva o el asesinato de Abel por Caín, sino original, una mancha en el alma del hombre que lleva desde su misma concepción, por ser hombre, y que le impele a la soberbia, a la ira, a la avaricia, a la envidia, a la pereza, a la gula, a la lujuria. Esta tendencia al pecado está en la naturaleza del hombre, y el hombre por sí solo no podía, no puede enfrentarse a él. Sólo con la ayuda de la gracia de Dios puede librarse del pecado.

Y tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna.

Y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros.
Y Jesús se hizo pecado, para librarnos de los nuestros.  

Domingo de Ramos

Han pasado 30 años desde que Jesús nació en Belén siete siglos y medio después de la fundación de Roma. Ha vivido una vida sencilla, de trabajo y de familia. Deja todo atrás y comienza su vida pública. Tres años dedicados a cumplir su misión predicando entre sus gentes, enseñando, curando y haciendo el bien. Anunciando el Reino de Dios y dando las pistas necesarias para alcanzar la salvación.

Llegando a Jerusalén para celebrar la Pascua, Jesús pidió a sus discípulos traer un burrito y se montó en él. Antes de entrar en Jerusalén, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de los árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Entró a la ciudad y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron con palmas y ramos, y gritaban: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”, que quiere decir ¡viva! La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? Y les respondían: “es el profeta Jesús, de Nazaret en Galilea”.

Vosotros, niños de Villanueva, recordáis el domingo de Ramos este acontecimiento. En la procesión de las palmas, con vuestro hábito de hebreo, acompañáis de nuevo a Jesús en su borriquita en este momento de triunfo. Proclamáis a Jesús como rey y le gritáis vivas; queréis seguirlo, aunque haya que sufrir por él y le pedís que sea el rey de vuestra familia, de vuestro pueblo, Villanueva del Duque, de nuestra patria y del mundo entero.

Os preparáis para ser hermanos de las cofradías de los mayores. No sólo queréis dar vivas a Jesús en este día, sino que os comprometéis a seguirlo después, en los momentos de dolor, pasión y cruz, que vendrán más tarde, y también en el de la resurrección.

Los mayores con nuestra chispa de niño en el corazón, también seguimos procesionando con ilusión tras la borriquita. También los adultos de Villanueva te queremos dar, Jesús, la bienvenida a nuestro pueblo y queremos darte la bienvenida en cada día de nuestra vida y proclamarte como nuestro señor.

Villaduqueños, os encarezco a que no dejéis de animar a vuestros hijos a participar desde pequeñitos en estos actos de adoración, que son las procesiones.

Jueves Santo

Hay expectación en la tarde. Las campanas no tañen. La matraca ha estado llamando a los Oficios. Los niños nos hemos machacado los dedos con las aldabas que golpean sus tablas de la caja de resonancia.

En Jerusalén, Jesús cena con sus discípulos. Se ciñe una toalla, echa agua en un lebrillo y les lava los pies y se los seca con la toalla. Es tal el escándalo de Pedro, de verse servido por su señor, que se niega, aunque acepta de seguido una vez que Jesús le indica que es necesario. Es una magna lección de humildad y de servicio.

Recuerdo con reverencia este momento de la misa de jueves Santo, en que Don Francisco, y ahora Don José Ángel, se acercaba a doce hermanos del Santísimo Cristo de la Salvación sentados alrededor del altar y lavaba sus pies. Queridos paisanos, con este gesto, Dios mismo quiere recordarnos que la grandeza de todo cuanto existe no está sino en la capacidad de servir; y al servir a los demás en la familia, en el trabajo, en la calle, le estamos dando gloria.

Después el recordatorio de la Última Cena en que Jesús, que sabía que llegaba su Pasión y su Muerte, decidió quedarse para siempre con nosotros en la Eucaristía. Milagro admirable, en el que el pan y el vino se convierten en el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Jesús, como Él mismo nos dijo y nos canta Santo Tomás de Aquino:

In supremae nocte coenae Recumbens cum frátribus, Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat súis mánibus. Verbum caro, panem verum Verbo carnem éfficit, Fitque Sanguis Christi merum, Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum Sola fides súfficit.

Al acabar la cena de Pascua Jesús se va a orar al Monte de los Olivos con sus discípulos. Sabía que uno le había traicionado. ¡Cuántas veces Señor te traicionamos al cabo del día! Pero Tú siempre estás dispuesto a perdonar.

Jesús pidió a sus discípulos que oraran con Él. Y los hermanos y hermanas de las hermandades y cofradías, y toda Villanueva, oramos con Jesús ante el Monumento. Un monumento que han preparado con sumo esmero, delicadeza y amor las mujeres de Villanueva. Y nos turnamos para estar en frente de Él, acómpañándole, diciéndole: “sé que estás ahí; sé que estás ahí, sé que estás ahÍ”. Y hablamos con Él y recordamos su pasión, y le ofrecemos nuestra familia, nuestras actividades, nuestros pesares, y le pedimos perdón por nuestras faltas de amor; y ayuda para ser mejores, para ser más generosos, más pacientes, más prudentes, más sabios, más fuertes, más justos…

La noche cae. Jesús está en la agonía. Es prendido, llevado ante Pilatos, ante Herodes, devuelto ante Pilatos, escupido, fustigado, coronado de espinas, condenado a morir en la cruz, peor que un malvado asesino. De hecho hemos preferido salvar a Barrabás. Hemos elegido matar a un inocente.

Los hermanos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con su túnica y cubrerrostro morado y su capa blanca, y toda Villanueva, acompañan al Nazareno cargando con su cruz por las calles de nuestro pueblo, camino del Gólgota. Vecinos de Villanueva: Él cargó con su cruz por todos nosotros. Acojamos también nosotros nuestras cruces con amor. Las cruces son dolorosas y pesadas de llevar; pero a diferencia de Él, que fue ayudado por Simón de Cirene, a nosotros es Él quien nos ayuda a cargar nuestra cruz. No olvidemos este pasaje de Jesús con la cruz a cuestas en los momentos oscuros, y pidámosle siempre su ayuda y bendición para aguantar la carga con alegría.

Y la Madre, que ha guardado en su corazón todos los sucesos de la vida de su Hijo, se duele por su maltrato. Es una madre dolorosa. La acompañan en su dolor mujeres de Villanueva, con su túnica blanca, de pureza inmaculada; y el manto morado, de los moratones que le hemos provocado. Muchas madres de este pueblo lo sabéis. ¡Cómo duele ver morir a un hijo! Verlo morir ajusticiado, siendo además inocente. ¡Pueblo mío, qué te he hecho; en qué te he ofendido, respóndeme!

Viernes Santo

Hoy Jesús ha hecho su Vía Crucis, está preso y va a ser crucificado. Es día de penitencia, de ayuno y abstinencia. No se puede comer carne. Tan sólo el Cuerpo de Cristo que nos ofrecerán en los oficios. ¡Qué sabroso el potaje de garbanzos con espinacas, bacalao y tortillitas que preparaban el Viernes Santo mi madre y la chacha Pepita! Tras la comida, la única del día, nos preparamos para los Oficios, una liturgia cargada de sentimiento y dolor, pero también de esperanza.

El sacerdote y la gente del pueblo leemos el evangelio de San Juan, el testigo hasta el final, vibrante y espeluznante, que nos narra la Pasión y la Muerte de Jesús.

Jesús ha hecho el camino del calvario. En el monte, es colgado de la cruz. A ambos lados han colgado a dos salteadores. Sólo le acompañan su Madre y las mujeres, y el discípulo Juan. El resto de los amigos lo han negado y abandonado, tal y como seguimos haciendo tan a menudo con Él. Los soldados que lo vigilan se reparten sus vestiduras y se juegan a los dados su túnica, tal como profetizó el salmista. Los que pasaban por ahí le insultaban y se burlaban de él y le gritaban: “si es que eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz”. Y Jesús, desde la cruz, pide: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y no se refiere sólo a los que estaban presentes, sino a todos los hombres; pidió perdón por los pecados de cada día de todos y cada uno de los villaduqueños, conociendo como nadie nuestra torpe y ciega pasta humana.

Un ladrón le insulta. El otro, que descubre en Jesús al Salvador, le pide que se acuerde de él cuando esté en la gloria de su realeza. Y Jesús le responde, “hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. Nunca es tarde para convertirse, y el Señor nos pagará el mismo sueldo independientemente de la hora a la que hayamos ido a trabajar a su viña.

Jesús vuelve su rostro hacia María y su discípulo Juan. Y nos hace uno de los mayores regalos nunca recibidos: “Mujer, he ahí a tu hijo; luego dice al discípulo: he ahí a tu madre”. Este es el momento en que María ocupa su papel con pleno derecho en la obra redentora de Jesús y se convierte en madre de todos nosotros.

Tras preguntar a su Padre por qué le ha abandonado, encomienda en sus manos su espíritu y muere en la cruz. Se ha completado el sacrificio. La sangre del Cordero se ha derramado para lavar el pecado del mundo. Su Cuerpo cuelga de la Cruz. Adoramos la Cruz de Cristo. Te adoramos Cristo y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste el mundo. “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo; venid a adorarlo”. Cada vez que aceptamos la voluntad de Dios y cargamos nuestra cruz, entregándosela de nuevo a Jesús, y pidiendo su ayuda para llevarla, estamos adorándole y reconociéndole como nuestro Dios y Salvador.

Villanueva está sobrecogida. Al son de los tambores y cornetas, llevamos a enterrar a nuestro Señor. Mi Hermandad del Santísimo Cristo de la Salvación, con más de 450 años de historia, con la túnica y el cubrerrostro negro y el cinturón de esparto y los faroles en la mano, custodia la urna donde yace nuestro Salvador.

Cúantas veces he visto a mi madrina Bernardina, sus hijas y otras mujeres, lavar este cuerpo con ternura, mimo y devoción, cubrirlo con sus sábanas bordadas y verter perfume sobre la imagen, como si del mismo Cristo se tratara.

Portamos también la imagen de Cristo crucificado que preside el altar de nuestra parroquia.

Nos acompaña por las calles del pueblo la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El pueblo se dispone en las aceras para ver pasar a su Señor muerto. Ocasionalmente, desde un balcón se escucha una saeta.

La Virgen de los Dolores, acompañada en su dolor por las hermanas con vestido negro y mantilla sigue a su Hijo muerto. Qué emoción el dolor de la madre por el hijo. La música de tambores y cornetas hace vibrar nuestros corazones. ¡Qué tristeza la de la Madre!

Como Él murió, también moriremos. Un día nuestro cuerpo será llevado al cuidado cementerio vecino a la ermita de nuestra Virgen de Guía. En él se repiten los nombres: Alamillos, Granados, Arévalo, Romero, Barbero, Medina, Benítez, Salado, Gómez, Rodríguez, Leal, Checa…, son nuestros propios apellidos, que ya en Allozo allá por el arroyo Lanchar, comenzaron a mezclarse, y a lo largo de los siglos han dado lugar a este pueblo noble y leal que es Villanueva del Duque. Hace unos días me encontré en mi hospital a una vecina del pueblo, que acompañaba a su hermano ingresado. Le pregunté por su nombre para poder interesarme por él. Sin ser familia mía, sus dos apellidos estaban entre los cuatro primeros míos. Son los apellidos de nuestros padres y nuestros abuelos, que también murieron con Cristo.

¡Qué fría es la muerte! ¡Qué fría es la noche! En la madrugada el silencio atruena mientras el pueblo acompaña en su dolor a la virgen por las calles de Villanueva.

Resucitó, resucitó, resucitó, aleluya. Aleluya, aleluya, aleluya, resucitó.

Un ángel. Un ángel derrotó a Lucifer; un ángel guió a Tobías y curó la ceguera de su padre; un ángel anunció a María; un ángel anunció a José la intención de Herodes. Hoy, un ángel anuncia a las mujeres que Jesús ha resucitado. Hoy, en Tudela de Navarra, el pueblo de mi mujer, un niño vestido de ángel, desciende en una tirolina desde el ayuntamiento al centro de la Plaza de los Fueros y quita ahí a María Virgen el velo negro que cubre su rostro y le grita: Alégrate María, porque tu hijo ha resucitado. Alegría para todos, felices Pascuas. Jesús ha resucitado de entre los muertos, con las llagas en sus muñecas y la herida en su costado. Y con él resucitaremos nosotros.

El pueblo procesiona la víspera del domingo con Jesús resucitado. En el convento, se encuentra con su madre, llena de gozo. El pueblo quema al Judas en la plaza verdinal. La naturaleza revive. Los hornazos ya están listos para el domingo. El pueblo celebra la resurrección en el campo. Las hermanas de la Virgen de Guía celebran su fiesta.

Nuestra patrona, la Virgen de Guía, recibe a su Hijo en su hermita. Felicidades Madre de Guía. Tu Hijo ha resucitado. Tu Hijo ha vencido a la muerte; y nosotros la venceremos con él.

Querida madre de Guía. Tu imagen, en una pequeña talla de madera, ha presidido siempre la entrada de la casa de mis padres, nos ha acompañado en los momentos importantes de la vida

familiar, presidiendo el altar: los bautizos, las comuniones, las bodas; los funerales… También el pueblo de Villanueva quiere que siempre lo sigas acompañando en su quehacer diario y en los momentos cruciales de su vida. Porque eres la madre de Dios, y la madre nuestra, que intercede por nosotros.

Por eso, villaduqueños, cuando sintáis que el vino se acaba en vuestras vidas, en vuestro matrimonio, en el trabajo, con los amigos, acordaros de maría santísima de Guía. Pedidle que interceda ante su hijo, nuestro señor Jesuscristo para que repita en vuestras vidas el milagro de las bodas de Caná, y trasforme de nuevo nuestra agua en vino y llene nuestras barricas de un vino aún mejor que el anterior.

Virgen de Guía, míranos con compasión. No nos dejes madre mía, morir sin tu bendición. Amén.