Tarde en la sierra

By 10 septiembre, 2013Crónica de Villanueva

Eran las siete de la tarde cuando llegamos a la finca denominada “La Posadilla”, propiedad del abogado cordobés Joaquín Cabezas Redondo y situada en términos de Villanueva del Duque y Alcaracejos. En fechas anteriores había sido invitado por el señor Cabezas para visitar la finca y comentar algunas peculiaridades sobre la misma.

Así pues, junto a Manuel Mesa Viso y el encargado y hombre de confianza Manuel Palacios “Torri”, que conducía el automóvil, nos dispusimos a girar una visita que se presagiaba muy interesante. Tras los saludos de rigor, el dueño de “La Posadilla” nos invitó a subir a un todo terreno; vehículo apropiado para caminar por estos parajes, escabrosos en algunos lugares.

El objetivo principal de esta visita es conocer el lugar donde se extendieron las cenizas del villaduqueño Julián Blasco, fallecido hace unos años y que expresó a su familia su deseo de que sus restos fueran esparcidos en el lugar dónde pasó su niñez. Y realmente fue muy emocionante estar en ese lugar donde reposa el ilustre paisano.

Estamos en los últimos días de agosto y el terreno se presenta muy seco, algo normal por estas latitudes en estas fechas. Mientras caminábamos por el intrincado terreno, don Joaquín nos iba explicando sobre el paisaje y la denominación de cada paraje demostrando un gran amor por este lugar donde suele pasar varios días al año. Manolo le comentó: -¡Esto cuando debe estar bonito es en primavera, con toda la vegetación verde! A lo que le respondió don Joaquín: -¡A mí me gusta esta tierra en todo tiempo!

Además de los diferentes lugares por los que nos conduce el propietario, con todo tipo de explicaciones sobre antiguos propietarios y los distintos cultivos que se dieron en épocas pasadas, nos acercó a un promontorio de la finca frente a la carretera de Córdoba y nos mostró lo que, en la pasada guerra civil, debió ser una importante posición defensiva de las fuerzas republicanas. Don Joaquín nos informaba de que ese lugar fue el último en entregarse a la finalización de la guerra.

Nos llegaba la noche y nos dirigimos hacia la bonita mansión que ocupa la familia en el centro de la propiedad. Allí conocimos a la esposa de don Joaquín, doña Carmen Cayuelas Porras, también abogada; y a sus hijos Teresa y Joaquín. Una familia sumamente amable y de muy agradable trato.

Tras un ligero refrigerio, dimos por terminada la visita con la promesa de repetir algún día con más tiempo para visitar toda la finca y conocer las decenas de anécdotas que don Joaquín cuenta con sus grandes dotes de orador. Agradecido a la familia Cabezas-Cayuelas, deseándoles la mayor de las suertes en su gestión y en sus vidas.

Miguel Barbero Gómez