

La Agrupación de Hermandades y Cofradías de Semana de Villanueva del Duque, ha designado al padre carmelita Juan de Jesús Mª Alamillos Medina, como pregonero de la Semana Santa de la Localidad.
Nacido en la propia Villanueva del Duque, el padre Juan de Jesús Mª, erudito escritor de temática mariano-carmelitana, ha publicado más de veinte libros, de la más diversa temática, tales como poesía, historia, espiritualidad, auto-sacramentales y biografías de santos.
José Caballero Navas para villanuevadelduque.com

Ayer viernes tuvo lugar la bendición del edificio que el ayuntamiento ha construido para, entre otras funciones, alojar a las Hermandades de la localidad. Cuenta con una gran sala para vestir y custodiar los pasos, una sala de reuniones, un salón de actos y exposiciones, locales para las cofradías y zonas para custodia de trajes, estandartes, instrumentos y en general todos los elementos de las procesiones.

El auge de la Semana Santa es un hecho constatado en nuestro pueblo y así lo demostraron los más de 100 músicos pertenecientes a la Banda de Cornetas y Tambores del Cristo de la Salvación, que estrenaban uniforme, y la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Nazareno, que reflejan sin duda toda la ilusión que los villaduqueños profesan por esta festividad.

Unas palabras de la Alcaldesa dieron la bienvenida a los asistentes al acto, invitándoles a la muestra-exposición de la Semana Santa que en ese momento se inauguraba en el mismo edificio. Maria Isabel Medina agradeció también el esfuerzo de todas las Hermandades que han logrado hacer crecer día a día la Semana Santa villaduqueña.

El párroco José Francisco Gil Blanco procedió después a la bendición de la Casa, pueden ustedes escucharla con nuestro reproductor.
Al finalizar la misma, todos los asistentes subieron a disfrutar de la citada muestra donde toda la Semana Santa de nuestro pueblo tiene su representación y hasta los más pequeños han construído sus propios pasos, personajes y objetos de la festividad.






Un dibujo en el viento es el título de la última novela del escritor cordobés Alejandro López Andrada, que fue presentada ayer en el Salón de Mosaicos del Alcázar por José Manuel Caballero Bonald, durante un acto en el que también intervino el alcalde de Córdoba, Andrés Ocaña, y Manuel González Mestre, uno de los responsables de El Páramo, editorial que publica esta obra, en la que el autor vuelve a sumergirse en el escenario literario de Los Pedroches, esta vez con una trama de misterio, intriga y sentimientos en torno a un secreto inconfesable, que ubica en la España del tardofranquismo, y en la que vuelve a trasladarse al paisaje rural de Veredas Blancas –un «territorio universal» que el autor ha utilizado en otras novelas–. Un adolescente, Cristino, narra la historia de su familia y del lugar que habita, dando su propia visión de las dos Españas rivales, «pero no desde un punto de vista político, sino como dos espacios antagónicos sentimental y emocionalmente hablando», señaló ayer López Andrada, que añadió que «es una novela de emociones y sentimientos, aunque también hay un misterio que el lector debe resolver».
Durante su intervención, José Manuel Caballero Bonald destacó los valores que esta obra tiene desde un punto de vista literario y humano. «Es una novela donde se funde la realidad y la fantasía y queda dentro de lo que se ha llamado realismo alucinatorio», dijo el escritor. «Sigue la línea de López Andrada respecto al conocimiento de la tierra de Los Pedroches, ahondando en la realidad de ese paisaje y de esas gentes», continuó. Caballero Bonald añadió que esta historia se puede situar en cualquier otro punto geográfico: «Desde lo local se llega a lo universal. Ahondando en el pueblo nativo, se conoce el mundo».
En este sentido, López Andrada comentó que, en efecto, esta trama se puede situar en cualquier pueblo español de la época, pero «Los Pedroches es mi mundo, mi territorio íntimo, de donde saco mi personajes, mis emociones y mis decorados paisajísticos». El marco histórico de esta novela «es el pretexto» para contar un misterio que tiene mucho que ver con las emociones, el amor, el odio o el rencor. «Finalmente, el adolescente se da cuenta de que ni unos son tan buenos ni los otros son tan malos», concluyó el autor
Texto de Diario Córdoba y fotos de Editorial El Páramo


ALEJANDRO López Andrada lleva mucho tiempo construyendo una geografía sentimental que viene convirtiendo Los Pedroches en todo un territorio literario. Así, en las últimas dos décadas, a fuerza de artículos en prensa y de novelas, pero sobre todo de ensayo y de libros de poesía, con un aire interior que es una melodía del recuerdo, del desarraigo y la pérdida, el autor de Villanueva del Duque ha ido perfilando una cosmogonía en la que el universo era su tierra, transfigurada, eso sí, como verdad poética. Quizá su último empeño más notable, y también ambicioso y agotador, ha consistido en esa trilogía de investigaciones noveladas sobre la antigua vida no sólo en los pueblos de Los Pedroches, sino también en sus veredas más intransitadas, en los caminos recios de pastores que levantaban chozos bajo el aire duro y cenital de una intemperie con un cielo de bóveda de cuarzo. Con el tiempo se tendrá que volver a esta trilogía, que además del valor documental -recorrió los senderos más ignotos, se encontró con los protagonistas de historias anteriores que no ha necesitado fabular, y con grabadora en mano ha ido recopilando testimonios para hilar el repecho de esas vidas-, tiene la intensidad del poema en prosa.
Podríamos llamarla Trilogía de la Desolación, porque la perplejidad de la mirada no sólo ante el derrumbe de una identidad, sino también ante la desaparición de la sabiduría ancestral del campo, es también el desconcierto, contra lo que parece, de cualquier hombre moderno ante la instantaneidad del cambio. Son, entonces, El viento derruido, Los años de la niebla y El óxido del cielo no únicamente libros que pueden ser leídos por su autenticidad antropológica, sino también como conjunto de un vigor literario donde puede encontrarse, aunque quizá el autor no esté totalmente conforme, su mayor tensión poética, constituyendo un cuerpo germinal del que nacerán más ramas.
Una de esas ramas puede ser la novela que presenta esta tarde, a las 19:30, en el Salón de Mosaicos del Alcázar, Un dibujo en el viento, cuidadosamente editada por El Páramo. Le acompañará José Manuel Caballero Bonald, que también ha cincelado todo un territorio de expresión a partir de una geografía mítica, Argónida, que ha ido desbrozando a través de libros de poemas y también de novelas -sobre todo, Ágata ojo de gato-, y también en libros biográficos reunidos ahora en La novela de la memoria. Parece que después de tanto tiempo López Andrada muestra una acertada conciencia de su obra, y por eso elige como presentador de esta nueva novela a uno de los pocos escritores españoles que podrían identificar su propia trayectoria con ese intento hermoso de recuperar no sólo la belleza primera del paisaje, sino también su esencia libérrima y salvaje, muy de lince erguido en lontananza.
Joaquín Pérez Azaústre en El Día de Córdoba





Comentarios recientes